
sábado, 19 de diciembre de 2009
El agua es vida
Hace 50 años, en varias talukas (comarcas) del estado de Maharashtra había hambre y malnutrición, y los campos se secaban después de los monzones. Muchos campesinos emigraban a otras partes del estado más fértiles en busca de pan y trabajo. Los internados se veían forzados a cerrar sus puertas y devolver a los niños a sus casas.
Personas como Vicente Ferrer, Ángel Montalvo, Joaquín Barranco, Antonio Ribas Padrós o Luis Alberto Martín de los Ríos mendigaban en Bombay para sustentar sus hostels. Un ingeniero en investigación electrónica, Winin Pereira, se negó a entregarles más limosna sin antes analizar la causa principal de aquella indigencia.
Winin les invitó a ir a las raíces del problema, que se manifiesta sobre todo en forma de pobreza. Pero, ¿qué hay detrás de ella? ¿Por qué tras la abundancia de lluvias en los meses del monzón no tarda en escasear el agua? El análisis identificó las causas: falta de regadío y nula gestión del agua. El exceso de agua puede erosionar la tierra y, junto con la deforestación, destrozar las cosechas. La posterior sequía impide obtener recursos y termina por provocar hambre, enfermedades y falta de trabajo.
La solución está clara: hay que almacenar el agua que cae en abundancia sobre esos campos ávidos de regadío. Si, además de contar con pozos y pequeños pantanos, aprendemos a administrar el agua de las cuencas de los ríos, tendremos agua suficiente para beber y regar los campos durante todo el año.
Ese es parte del trabajo que Maharashtra Pravodhan Seva Mandal lleva realizando desde hace medio siglo. Al frente del mismo se ha empleado a fondo una generación de emprendedores jesuitas; aparte de los mencionados, el presente director (Peter Baba, Pedro Massaner SJ) y sus lugartenientes (Joe Kantela y Wendell D’Cruz) han aunado sus fuerzas. Cuentan, además, con un nutrido equipo de peritos agrícolas, trabajadores sociales y administrativos.
Joe y Wendell nos mostraron todos los proyectos y observamos la gran visión, la verdad y la realidad a la que respondía la profecía de Winin Pereira. No fue un milagro. Donde antes había hambre, desempleo y enfermedad, donde la sequía agrietaba el suelo de los campos de arroz, donde las plantas y los árboles apenas lograban sostener sus hojas... hoy día la vida brota en todas partes. Ya no hay hambre. Los pozos y pantanos están llenos de agua. Los niños van a la escuela, las madres miran con esperanza el futuro de sus hijos. Los campesinos se muestran orgullosos de esperar una segunda cosecha, de su huerta y de sus árboles frutales, cuyos productos se venden en los mercados de los alrededores.
Los multipréstamos a los campesinos para la compra de equipos agrícolas y de regadío, de semillas y de tejas para las viviendas, han incrementado los recursos de la población. La constitución de grupos de autoayuda, con mecanismos de solidaridad y corresponsabilidad para la gestión y devolución de los préstamos, y el desarrollo de una mejor base educativa –ahí están los tres colegios de Shingarpada (Mahajeh), Tilloli y Ambatha— han generado una transformación económica, social, humana y espiritual en toda la región. El dicho de Hobbes “Homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre) se ha transformado en “Homo homini amicus”: el hombre es un amigo para el hombre.
El agua es vida.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Bambúes en flor
Para llegar a Ambata, a 100 kilómetros de la población de Nashik, en las estribaciones de la cordillera de Saputara, la carretera zigzaguea entre sierras y valles. Los campos de arroz, de juari y de trigo recién plantado mantienen el paisaje siempre verde. Las acacias, los árboles de teca, los bambúes y los bosques de sadara flanquean la carretera y custodian el paisaje desde lo alto de los picos.
A mediodía llegamos al colegio e internado de Ambata, Prabodhan Vasatigriha, que acoge a unos 500 alumnos y alumnas. Entre ellos conocemos a Ashok, un chico de piel morena, y a Sonali, una chica de largas trenzas decoradas con lazos rojos. Ambos tienen alrededor de 15 años.
Nos remontamos al origen de su historia...
Bendita sea la primera y casi fortuita visita de Joaquín Barranco SJ a la región, hace poco más de 40 años. Compró tierra y construyó el primer hostel, a poca distancia del colegio que había edificado el Gram Panchayat (ayuntamiento de un grupo de aldeas). Con ello conseguía que cientos de niños Adivasis que vivían en zonas remotas tuvieran acceso a la educación. Más adelante, en los años ochenta, los jesuitas abrieron un colegio de bachillerato superior para completar el ciclo educativo de los niños Adivasis.
Hoy, 30 años después de su nacimiento, aquel colegio necesita urgentemente reparaciones de tanto calado que los jesuitas han decidido levantar un nuevo edificio. La primera fase de construcción del nuevo equipamiento de tres plantas ha sido posible gracias a la generosidad del MPSM, Infant Jesus Shrine; la provincia de Bombay y la comunidad de Ambata han gestionado su ayuda. Pero para finalizar la obra hay que reunir aún una parte sustancial de los fondos necesarios. Las escuelas de la comarca miran esta institución como un modelo a seguir.
Las temporadas de siembra y cosecha son períodos de vacaciones escolares: de esta manera los alumnos pueden ayudar a sus padres en las faenas del campo. Incluso los maestros y las maestras se unen a las familias para contribuir a tan importante tarea.
La niña Adivasi, Sonali, nos cuenta que vive con otras 140 chicas en una residencia recién construida gracias a las aportaciones del grupo Amics de Ambatha de Mallorca. La educación les proporcionará, a ella y a sus compañeras, una mejor comprensión del desarrollo agrícola, y mejorará así su calidad de vida. A Ashok, la educación le dará más oportunidades y le permitirá elegir entre la actividad agrícola y otras profesiones.
En el viaje de regreso, a la caída de la tarde, cada recodo nos depara una sorpresa; el verde de la campiña, dorado por la puesta de sol, va tomando lentamente los matices de las pinturas de Van Gogh. Los bambúes en flor me recuerdan las palabras de Ashok y Sonali: “en breve nosotros también recogeremos el fruto de estos años de estudio, gracias a nuestro trabajo, al compromiso de los maestros y maestras, y a la inestimable generosidad de los donantes”.
lunes, 7 de diciembre de 2009
“Una catedral” para los Adivasis
Corría 1993 cuando el entonces Director de la llamada “Misión de Bombay” me comunicó que una bienhechora de Valencia dejaba una cantidad importante de dinero para la construcción de una iglesia. Mi respuesta fue hacerle llegar a aquella señora la intención que tenía yo en aquel momento de comprar, en nombre de la Diócesis de Bombay, un terreno en la población de Mahad. Quise subrayar que, si aceptaba la propuesta de adquirirlo, el terreno se destinaría a la construcción de un internado para niños Adivasis en el cual todos los días de fiesta se celebraría la eucaristía para la comunidad cristiana. Nuestro propósito era darle al edificio un uso cotidiano a favor de los más necesitados. Fue el Señor quien dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.
El solar se compró y, en el transcurso de estos años, el Padre Carlton Kinny, responsable de la gestión del terreno, ha ido adquiriendo parcelas adyacentes. Junto con los padres de los internos Adivasis, ha sembrado campos de arroz y huertos de verduras, ha construido un establo para 35 vacas y ha rodeado el internado (que acoge a 110 niños Adivasis) de árboles frutales. Hoy día, en medio de la finca se está levantando un vasto edificio de tres plantas. Será en breve “la catedral” de los Adivasis.
Las catedrales han proporcionado desde hace siglos autoestima y orgullo a los cristianos. Hoy son para nosotros un recuerdo de la fe de nuestros antepasados, y siguen siendo una fuente de orgullo por la belleza arquitectónica que encontramos en ellas, como por ejemplo la Notre Dame de Paris, Santiago de Compostela o la Catedral de Westmister.
Los Adivasis profesan una religión cósmica e invocan el espíritu supremo en todas partes: puede hacerse presente en el interior de un bosque, en la confluencia de dos ríos, en la cumbre de un monte o en una encrucijada de caminos. Los lugares en los que se manifiesta se marcan con piedras pintadas de un color anaranjado. Además, dicho espíritu asiste a los seres humanos en los momentos cruciales de su vida: el nacimiento, la adolescencia, el compromiso matrimonial, la enfermedad, la muerte y el culto a los antepasados.
El Adivasi no precisa de ningún edificio en el que encontrar a Dios o entrar a rezar. El universo está lleno de señales que indican su presencia. La finca de Mahad –que además del internado incluye un centro de formación para niños y jóvenes, uno de acción social, uno de reuniones y uno de oración— es motivo de orgullo porque, sencillamente, se ha construido para ellos.
Existirá siempre una tensión entre las necesidades básicas educativas y sociales de los más vulnerables (entre los 10.000 Adivasis, en la cercanía de Mahad, el 80% son analfabetos) y el orgullo de la apenas creciente población católica (105 según el directorio de la Diócesis de Bombay). Esta última sueña con una ostentosa iglesia al estilo europeo.
Al recordar el himno eucarístico “ubi caritas et amor Deus ibi est” (“donde reina la caridad y el amor, Dios está presente”), el edificio cobra todo su sentido: es, para los Adivasis, como “una catedral”.
Aquella valenciana, que Dios la bendiga, dejó una herencia para levantar con ella una pequeña iglesia. Hoy, su último deseo se convertierte en “una catedral” para los Adivasis.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Familia numerosa
Celebramos los 60 años de Federico en la India en familia: primero reunidos en casa de Eunice, donde la misa se fue animando a base de canciones y bromas –“confío en veros a todos cuando cumpla los 100, porque la verdad es que os veo muy bien...”— y luego cenando en las alturas, en una terraza que las luces de ‘Mumbai by night’ vestían de fiesta. No faltaron ni el pastel, ni las velas, ni la sobremesa. Era, además, la última noche de Andreu-padre y Ofelia en la India, después de diez días recorriendo pueblos y proyectos con el Narada Team, rememorando historias de la infancia con Fede e impregnándose del color y el calor de este país y sus gentes. Rohan y el resto de los Arthur –a su hermana Aisha y su cuñado Hamid se sumaron sus padres, Ivan e Ingrid, y su tía Iona, que volaron para la ocasión desde Goa– fueron, también esa noche, mucho más que anfitriones y organizadores, amigos y hermanos...
La familia de Fede, más allá de la físicamente presente, es muy numerosa porque sabe muy bien de lo que habla cuando habla de amor: “es lo que más cuenta en esta vida, lo que le da sentido”, nos recordó en la misa. Convivir con él es ver que no son solo palabras.
Gracias una vez más, Federico Sopeña, por hacer de tu Misión algo tan bello.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Un partido de futbol
El día de Sant Andreu amanecimos en Shilonda con victoria del Barça sobre el Madrid (1-0) y con una misa: Father Sopeña habló de dos hermanos pescadores y cantamos (aunque, esta vez, las encantadoras Sisters no afinaban muy bien...).
A nuestro regreso a Mumbai, pasar de los campos de arroz y de los palmerales a la vorágine de una cuidad de 22 millones de habitantes no es fácil. Transitar por la autopista que nos lleva hasta el centro de la capital de Maharashtra es toda una experiencia espiritual. Se debe conducir plenamente consciente para esquivar vehículos que circulan en contra dirección, camiones que maniobran sin dejar la calzada y transeúntes que cruzan por en medio de la carretera. Todo depende de milésimas de segundo, pero es un caos organizado que funciona. Y, en mi opinión, funciona muy bien. A medida que nos aproximamos a Mumbai, la autopista de tres carriles se convierte en una súper-autopista de ocho carriles. Cada hueco ofrece infinitas posibilidades a los rickshaws, que se cuelan aprovechando cualquier mínimo espacio. Y la constante sinfonía de bocinas no altera en los más mínimo a los miles de “fitipaldis” que abordan la ciudad. Entre ellos Ganesh, nuestro driver de 22 años, que no para de mascar tabaco.
Los trayectos son una maravilla cuando, además de llevarnos a destino, sirven para saborear conversaciones con Fede: las charlas sobre lo divino y lo humano nos van dejando un sinfín de frases sencillas y claras, sin pretensiones pero a menudo contundentes y sabias; solo sus ojos chispeantes revelan desde donde habla... Compara la espiritualidad del sacerdocio con el de la pareja, habla de amor y de compromiso. “Me tomo la vida como un partido de fútbol en el que solo quedan seis minutos para el final y voy perdiendo 6 a 1, pero continúo jugando hasta el pitido final”. Lo dice sin ningún tipo de trascendencia, con un humor socarrón.
Hoy nos comenta que su Departamento Acústica no funciona muy bien, que alguien se ha dejado el grifo abierto que oye una cascada ininterrumpida pero gracias a “dios” el resto funciona a las mil maravillas.
Narada Team
jueves, 26 de noviembre de 2009
Narada's portraits
Lo sentimos por nuestros prolongados silencios y les animamos a que nos cuenten… please.
Fede, El Protagonista
Cuando habla mueve las manos como queriendo cazar las palabras; las escoge una a una, en el aire, y las enlaza con contundencia y determinación. Ni siquiera cuando duda hay dudas. Con la derecha agarra fuerte su audífono, como queriendo evitar que se le escape. Sabe encantar con sus largos, frágiles y flexibles dedos para dar tono a su voz. Cuando nos despedimos abraza… abraza fuerte, mejilla contra mejilla y golpea la espalda del otro dos o tres veces como diciéndole: “¡Eh, cuidado, que a pesar de mis 83 años también estoy fuerte!”.
Agnès, Nuestra Camerawoman
Cámara…. ¡y acción! Se pone seria, encuadra, mide la luz y empieza a filmar. Está concentrada mirando la pequeña pantalla. Parece que se sumerja en ella. Puede estar en un mercado a rebosar de gente, ruidos, olores y colores…; ella permanece aparentemente absorta, procurando no perderse nada de lo que sucede a su alrededor mientras guarda con cariño y humildad todos los detalles que tiene a tiro. Quizá por eso, a pesar de que el mercado se vuelve hacia ella, todos le dedican una sonrisa.
Rohan, Nuestro Guía, Nuestro Braham
Con saber la mitad de lo que sabe y expresarlo la mitad de bien, ya sería mucho. Rohan nos está llevando por la India como si nos contara un cuento. Está con nosotros y está con la gente. Habla con todos con respeto y amistad, y nos cuenta un sinfín de historias que nos hacen sentir un poco niños de nuevo. Viajar en la India no es fácil... Viajar con Rohan es un descanso, un cuento de hadas. Nos cuida y nos mima.
Andreu, Nuestro Director
Su madre siempre le decía: “ten cabeza y come bien”. Puede estar tranquila: damos fe de que le hace caso. Con la comida cumple y disfruta; a la cabeza no le da tregua, y le rinde. Las infinitas posibilidades y variables que plantea el documental bullen sin cesar tras su ceño fruncido… ¡que de vez en cuando se relaja! Con una sonrisa, un guiño, un abrazo o un apretón de brazo nos dice que, a pesar de todas las cavilaciones y esfuerzos por conciliar las distintas inquietudes y apetencias del equipo, ha aprendido que no todo pasa por el estómago y la cabeza solamente…
The Narada Team
miércoles, 25 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Bombay
It is an interesting experiment revisiting a city you love as an alien. Cruising its coagulated streets in our little craft, we are trailing invisible threads of experience behind us, connecting all the seeming contradictions that determine this city in a gossamer web of not quite comprehension, but dim appreciation.
Two mornings ago we started the day with Rashida. Rashida is a friend of Fede from his days in the tenements. She has a tough life but a ready smile. Together we take a rickshaw to her mum, Ayesha's house in Marol. It is a run-down building, with cracks along it's side, crying out for maintenance. The apartment is a single tiny room with a kitchen and a bathroom. Her mum lives here with her three sons and her daughter-in-law. As cramped as it seems, this is luxury beyond imagining for Ayesha. Two decades ago, her reality was quite different. In order to experience that reality, we walked just a small distance from her house, across the huge pipes that traverse Marol, taking water from the reservoirs to the city. Here, in a thin line, were 4m by 4m shacks made of broken bits of wood, plastic, corrugated tin, and whatever else people could get their hands on. These flimsy spaces outline brief sketches of entire lives. Ayesha lived in conditions just like these not very long ago.
That evening we took two taxis and drove to "The Blue Frog" to listen to a jazz concert. Jazz bands from Germany, Norway, England and the USA. The place is as crowded as a Bombay train, although looking around in the dim orange light of the psychedelically designed bar, I could not be certain how many of the audience had rode in a train in the recent past. The jazz was overwhelming, and the audience was overwhelmed.
Somewhere between the plastic-bag house and the jazz concert, lies the essence of this city. Fede sees no dichotomies here - they are all part of a necessary and, above all, exuberant continuum. The city would not be the same without either and you can find, if you have to believe Fede, a certain spirituality in both.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
The fall of the crow / El cuervo caído
You cannot live in a country for such a long time without letting some of its culture, history, idiosyncrasies, religion and attitudes grow under your skin. You might not become fully Indian – too many of your roots have not been severed. But this is not important. You end up being a sort of hybrid, not torn by two different cultures, but enriched in however small a way by the way of life, ethos and values of the different cultures you have lived in.
In my 1st year in India I was invited to accompany a fellow Jesuit, a natural history man, to a wild boar hunt. I remained alone in a small little village. I took an air-gun I shot at a crow – an obnoxious bird, I thought, a nuisance pest with its endless caw-caw. After a short while I saw a group of small boys, the wounded crow close to the chest of one of the boys. They looked at the crow and then at me with a kind of shocked horror. That was enough for me. I had invaded a sacred world of respect, respect for life, where a humble crow is not less worthy of respect than the mighty Himalayan peaks that now loom in front of me. I am here now, where it all started, nearly 60 years ago, and reliving in my memory my introduction to this wonderful country.
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El cuervo caído
Poco podía imaginar que en el corto espacio de tres meses estaría en los Himalayas, rodeado por la cordillera Shivalik que forman las cimas que acompañan al majestuoso y sagrado Kanchenjunga. No fue hasta que Andreu Gusi me disparó la pregunta: “¿Por qué no recorremos los lugares en los que has estado en estos 60 años en la India, y reflejamos el impacto que han tenido en ti, los cambios que han experimentado esos sitios y tu país de adopción, a lo largo de estas seis décadas?”
Es imposible vivir en un país durante tanto tiempo sin interiorizar parte de su cultura, su historia, su idiosincrasia, su religión y sus maneras de hacer. Tal vez no soy completamente indio; demasiadas raíces permanecen vivas. Pero no importa. Soy una especie de híbrido, no desgarrado entre dos culturas distintas, sino enriquecido hasta en los más mínimos detalles por el estilo de vida, el ethos y los valores de las dos culturas en las que he vivido.
Durante mi primer año en la India me invitaron a acompañar a otro jesuita, un naturalista, a una caza de osos salvajes. Me quedé esperando solo en un pequeño pueblo; en un momento dado cogí una escopeta de aire comprimido y le disparé a un cuervo: un pajarraco horrendo, pensé, una molesta plaga que no deja de incordiar con su continuo croa-croa. Al cabo de poco rato, apareció un grupo de niños; uno de ellos llevaba el cuervo en brazos, abrazado contra el pecho. Miraron al cuervo, y luego me miraron a mí con una expresión de espanto y horror. No me hizo falta más. Había invadido un mundo sagrado de respeto por la vida en el que un humilde cuervo no merece menos respeto que las soberbias montañas de los Himalayas que ahora se elevan imponentes ante mí. Aquí estoy de nuevo, donde empezó todo, hace casi 60 años, rememorando mi entrada en este maravilloso país.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Sandakphu and Phalut
We move on to Phalut, a rolling journey across open grassland. The clouds have gathered thick around our hut and we spend our time in the warmest place -- in Kamala's kitchen, trying our best to get warm. Our sleeping bags are difficult to get out of the next morning, but Kamala's warm porridge is enticing enough. Another bone-wrenching journey down, and we are back in Darjeeling for a hot shower and a well-deserved sleep. The next day, we wander the streets of Darjeeling and meet with one of Fede's old friends, Fr. Van. We are keen to meet Fede once again, and we hop into a taxi to Kalimpong. The driver, Sanjay, is a catastrophist not merely in his driving. He fills the journey with stories of catastrophes past and catastrophes yet to come while dodging traffic and sailing around curves with a skill bordering on miracle.
Fede is in great spirits, and we are like excited children explaining our trip to him. He relives his memories through our stories, and in his eyes, you can see 55 years melt away. This makes it all worth while.
jueves, 12 de noviembre de 2009
Sadam Hussein quiere estudiar
Solo las Hermanas Cluny de Saint Joseph, con su dulce sonrisa, han empezado a indignarse. Y gracias a ello, estas mujeres de corazón grande consiguen que los niños sometidos a trabajo infantil aprendan a bailar y a cantar, a llorar y a reír, a estudiar y a sacarlas de quicio. Les dan, en definitiva, el tiempo y el espacio para que estos niños sean niños.
Hace un mes, un viernes por la noche, Sadam Hussein llamaba a la puerta de las Sisters. Era un niño de 12 años que había escapado del hotel donde trabajaba. Estaba harto, y en su idioma nepalí les decía a las monjas: “Hermana, solo quiero estudiar”. Al día siguiente apareció el dueño del hotel, acusando a las monjas de secuestro y de querer convertir al niño al cristianismo. Ante la presión del dueño del hotel y en presencia de la policía, las hermanas volvieron a preguntar al niño que quería, y el niño volvió a responder: “Sister, quiero ser ingeniero, quiero estudiar”. La policía bromeó con Sadam para tranquilizarlo: “No sufras, al menos tienes la suerte de que no somos americanos”.
Las Hermanas tienen un programa piloto que funciona desde hace 2 años, y que incluye desde la mediación con las familias de los niños y sus empleadores, hasta la escolarización de los menores, pasando por la acogida, la manutención y la atención sanitaria de los niños. Además organizan conferencias de prensa para informar a los medios y negocian con las autoridades.
La coordinadora del programa es Subeshna, una monja comprometida con su trabajo y con las dudas que laten en todo ser humano. Una mujer dura, cabezota y bromista. Una Hermana que forma parte del ejército de “Blue Sisters” en invierno, “White Sisters” en verano. Sí, señores y señoras: estas guerreras tienen un hábito para la temporada de verano, y otro para la de invierno. Y actualmente rezan para poder llevar sari cuando viajan… En el fondo, nunca dejan de ser monjas.
Narada Team
Kalimpong
11/11/09
Cloud Mountain
We cut a transect across the country, from Bombay to Bagdogra where we met Sr. Subeshna. One of those forces of nature that Fede seems to always have in his centrifugal influence. She glides through every challenge with a broad smile and a fierce humor. She is a good foil for Fede's frustrating stubbornness. The journey exhausted Fede and although his spirit is indomitable, he body protested, and he was forced to crawl beneath the covers for full day. We had plenty to do without him, and the Cluny Sisters kept us busy with their regimen of seven meals a day and snacks for the intervening hours.
The sisters have a small centre in Kalimpong for children rescued from child labour. Some 103 happy boisterous faces mobbed us when we visited. They worked to a plan learnt from some ancient strategic text on warcraft. First they separated us, driving wedges of humanity between our rough phalanx. Once that was done, it was easy. We were driven to pre-appointed corners, and between 30 and 40 of them bombarded us in an assault of words. Delivered together at top decibel, their narratives interwove in a skein of curiosities and aspirations, ugly histories and lost childhoods. Hearteningly, their childhood dreams are more powerful than their histories and while they narrate their pasts like some cruel fairy tale they have been made to learn by rote, of their futures, they are nothing but spontaneity and imagination. We left charged with their energy and smiling.
From Kalimpong to Darjeeling. The road winds steeply through conifer and fern forests, and our breath turns to mist in the cold. Fede is still in Kalimpong, regaining his strength and charming the sisters. We are on a mission to capture a sunrise. This morning we head up for Sandakphu and Phalut, the highest point in West Bengal, from where we can, they assure me, see 4 of the 5 tallest peaks in the world, including Everest. I will believe it when I see it.
martes, 10 de noviembre de 2009
Rumbo a los Himalayas
Hemos pasado del bochorno de Bombay al fresco de Kalimpong, pero seguimos rodeados de calor. Las Sisters del convento de St Joseph, donde estamos alojados, no nos hacen solo de hermanas (que, sobre todo en algunos casos, ya es mucho decir…), sino también de madres, tías, abuelas y madrinas. ¡Nos tienen totalmente consentidos!
Fede [quizá debería llamarle Father Sopeña, teniendo en cuenta que hace cuatro días –literales— que nos conocemos, pero la familiaridad y la complicidad parecen consustanciales al trato con él, y no tardó en pedirme que le tuteara, así que…], al finalizar la primera entrevista “formal” que le hemos hecho esta mañana, nos ha agradecido que nos hayamos tomado la molestia de venir hasta aquí para este proyecto… Como en otras varias ocasiones a lo largo de estos cuatro días, me ha sorprendido y descolocado: más allá de promulgar la humildad, Fede la ejerce.
Mañana salimos hacia Darjeeling, más al norte aún, sin Fede (convaleciente de una gripe que ayer le tuvo en cama todo el día, pero recuperándose a una velocidad impropia de sus 84 años, totalmente propia de lo vital y tozudo que es…) y sin ninguna esperanza de que nadie nos cuide como las Sisters de Cluny. Convencidos, eso sí, de que la estela de Father Sopeña también permanece viva a los pies del Kangchenjunga, donde pasó sus primeros años en la India. Además de encontrarnos con viejos compañeros suyos, salimos con la ilusión que Fede nos ha contagiado de contemplar un amanecer en los Himalayas. Si conseguimos filmarlo, sin duda lo veréis...
lunes, 9 de noviembre de 2009
Welcome to India
Pretendemos cada semana rendir cuentas de este viaje a todos los que de una forma o otra habéis contribuido y confiado en este proyecto, “60 anos en la India”. Como dice Rohan lo más importante no es llegar al destino… es el viaje en sí. Y así es como Tío Federico, o Father Sopeña, ha vivido estos 21.600 días en India, vive y vivirá.
El equipo de Narada Films en la India (es así como nos hemos bautizado) casi está al completo; Agnès, nuestra camera-woman, perdió el enlace en Estambul, esperamos que llegue mañana. Rohan, nuestro guionista y guía en la India, llegó de Mysore esta mañana. Y en Barcelona tenemos a Quico (información), Andreu (colecta de fondos), Jordi (música), Pau (edición) y Claudia, Teresa, Laia, Juanjo y Anna, en la parte de lluvia de ideas y otros.
Mi llegada a Bombay a media noche fue tranquila. Father Sopeña me estaba esperando; entre la multitud vislumbré a ese hombre alto y delgado con su típica curta (camisa larga) blanca, su bolso negro cruzado y su inseparable muleta. Y, como siempre, con su media sonrisa y sus gafas, que parecen mirar un poco mas allá.
Para ahorrarnos unas rupias tomamos un rick-shaw y en 20 minutos nos plantamos en este oasis llamado Vinayalaya. (Como dice Federico, “es la casa de la Humildad, porque aquí se empieza a ser Jesuita y… vine a aprender lo que no sé”).
El tiet Fede se encuentra en forma e ilusionado con este viaje. Pregunta y quiere saber de todos. Su memoria es prodigiosa… Se acuerda perfectamente del día que dejó Barcelona para encontrarse con la India … Era un 30 de noviembre de 1949, día de Sant Andreu, y fue a felicitar a los “Andreus” de la familia antes de ir a coger el tren hacia Madrid desde la estación de Francia… Voló a Roma en avión con otros diez jesuitas, después a Lydda (cerca de Jerusalén) y de allí a Karachi (donde pasaron la noche y, al día siguiente, celebraron una misa en una iglesia, ¡¡¡en Pakistán!!!); de Karachi volaron en un bimotor Dakota hasta Ahmadabad y, finalmente, llegaron a Bombay el día 2 de diciembre de 1949, tres días después de partir.
Escribo desde su habitación, que parece –y es— su cuartel general. En estos momentos se encuentra dando una misa “solo”… dice que la da para todos… Es su meditación diaria.
Ayer, mientras divagábamos sobre el proyecto, le pregunté: “Fede, ¿qué esperas de este documental?”. Y me contestó: “Yo no espero nada”…
Bueno, les seguiremos contando…
Un abrazo fuerte y Namaste,
Narada Films
































