jueves, 17 de diciembre de 2009

Bambúes en flor

Las primeras palabras que se me ocurren tras haber conocido a Ashok y Sonali son “bambúes en flor”.

Para llegar a Ambata, a 100 kilómetros de la población de Nashik, en las estribaciones de la cordillera de Saputara, la carretera zigzaguea entre sierras y valles. Los campos de arroz, de juari y de trigo recién plantado mantienen el paisaje siempre verde. Las acacias, los árboles de teca, los bambúes y los bosques de sadara flanquean la carretera y custodian el paisaje desde lo alto de los picos.

A mediodía llegamos al colegio e internado de Ambata, Prabodhan Vasatigriha, que acoge a unos 500 alumnos y alumnas. Entre ellos conocemos a Ashok, un chico de piel morena, y a Sonali, una chica de largas trenzas decoradas con lazos rojos. Ambos tienen alrededor de 15 años.

Nos remontamos al origen de su historia...

Bendita sea la primera y casi fortuita visita de Joaquín Barranco SJ a la región, hace poco más de 40 años. Compró tierra y construyó el primer hostel, a poca distancia del colegio que había edificado el Gram Panchayat (ayuntamiento de un grupo de aldeas). Con ello conseguía que cientos de niños Adivasis que vivían en zonas remotas tuvieran acceso a la educación. Más adelante, en los años ochenta, los jesuitas abrieron un colegio de bachillerato superior para completar el ciclo educativo de los niños Adivasis.

Hoy, 30 años después de su nacimiento, aquel colegio necesita urgentemente reparaciones de tanto calado que los jesuitas han decidido levantar un nuevo edificio. La primera fase de construcción del nuevo equipamiento de tres plantas ha sido posible gracias a la generosidad del MPSM, Infant Jesus Shrine; la provincia de Bombay y la comunidad de Ambata han gestionado su ayuda. Pero para finalizar la obra hay que reunir aún una parte sustancial de los fondos necesarios. Las escuelas de la comarca miran esta institución como un modelo a seguir.

Las temporadas de siembra y cosecha son períodos de vacaciones escolares: de esta manera los alumnos pueden ayudar a sus padres en las faenas del campo. Incluso los maestros y las maestras se unen a las familias para contribuir a tan importante tarea.

La niña Adivasi, Sonali, nos cuenta que vive con otras 140 chicas en una residencia recién construida gracias a las aportaciones del grupo Amics de Ambatha de Mallorca. La educación les proporcionará, a ella y a sus compañeras, una mejor comprensión del desarrollo agrícola, y mejorará así su calidad de vida. A Ashok, la educación le dará más oportunidades y le permitirá elegir entre la actividad agrícola y otras profesiones.

En el viaje de regreso, a la caída de la tarde, cada recodo nos depara una sorpresa; el verde de la campiña, dorado por la puesta de sol, va tomando lentamente los matices de las pinturas de Van Gogh. Los bambúes en flor me recuerdan las palabras de Ashok y Sonali: “en breve nosotros también recogeremos el fruto de estos años de estudio, gracias a nuestro trabajo, al compromiso de los maestros y maestras, y a la inestimable generosidad de los donantes”.

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