Hemos pasado del bochorno de Bombay al fresco de Kalimpong, pero seguimos rodeados de calor. Las Sisters del convento de St Joseph, donde estamos alojados, no nos hacen solo de hermanas (que, sobre todo en algunos casos, ya es mucho decir…), sino también de madres, tías, abuelas y madrinas. ¡Nos tienen totalmente consentidos!
Fede [quizá debería llamarle Father Sopeña, teniendo en cuenta que hace cuatro días –literales— que nos conocemos, pero la familiaridad y la complicidad parecen consustanciales al trato con él, y no tardó en pedirme que le tuteara, así que…], al finalizar la primera entrevista “formal” que le hemos hecho esta mañana, nos ha agradecido que nos hayamos tomado la molestia de venir hasta aquí para este proyecto… Como en otras varias ocasiones a lo largo de estos cuatro días, me ha sorprendido y descolocado: más allá de promulgar la humildad, Fede la ejerce.
Mañana salimos hacia Darjeeling, más al norte aún, sin Fede (convaleciente de una gripe que ayer le tuvo en cama todo el día, pero recuperándose a una velocidad impropia de sus 84 años, totalmente propia de lo vital y tozudo que es…) y sin ninguna esperanza de que nadie nos cuide como las Sisters de Cluny. Convencidos, eso sí, de que la estela de Father Sopeña también permanece viva a los pies del Kangchenjunga, donde pasó sus primeros años en la India. Además de encontrarnos con viejos compañeros suyos, salimos con la ilusión que Fede nos ha contagiado de contemplar un amanecer en los Himalayas. Si conseguimos filmarlo, sin duda lo veréis...
"Saber estar sin esperar"
ResponderEliminarsi lo aprendeis a lo mejor cuando menos os lo espereis lo podreis filmar y cuesta estar sin esperar porque en definitiva siempre esparamos algo