
sábado, 19 de diciembre de 2009
El agua es vida
Hace 50 años, en varias talukas (comarcas) del estado de Maharashtra había hambre y malnutrición, y los campos se secaban después de los monzones. Muchos campesinos emigraban a otras partes del estado más fértiles en busca de pan y trabajo. Los internados se veían forzados a cerrar sus puertas y devolver a los niños a sus casas.
Personas como Vicente Ferrer, Ángel Montalvo, Joaquín Barranco, Antonio Ribas Padrós o Luis Alberto Martín de los Ríos mendigaban en Bombay para sustentar sus hostels. Un ingeniero en investigación electrónica, Winin Pereira, se negó a entregarles más limosna sin antes analizar la causa principal de aquella indigencia.
Winin les invitó a ir a las raíces del problema, que se manifiesta sobre todo en forma de pobreza. Pero, ¿qué hay detrás de ella? ¿Por qué tras la abundancia de lluvias en los meses del monzón no tarda en escasear el agua? El análisis identificó las causas: falta de regadío y nula gestión del agua. El exceso de agua puede erosionar la tierra y, junto con la deforestación, destrozar las cosechas. La posterior sequía impide obtener recursos y termina por provocar hambre, enfermedades y falta de trabajo.
La solución está clara: hay que almacenar el agua que cae en abundancia sobre esos campos ávidos de regadío. Si, además de contar con pozos y pequeños pantanos, aprendemos a administrar el agua de las cuencas de los ríos, tendremos agua suficiente para beber y regar los campos durante todo el año.
Ese es parte del trabajo que Maharashtra Pravodhan Seva Mandal lleva realizando desde hace medio siglo. Al frente del mismo se ha empleado a fondo una generación de emprendedores jesuitas; aparte de los mencionados, el presente director (Peter Baba, Pedro Massaner SJ) y sus lugartenientes (Joe Kantela y Wendell D’Cruz) han aunado sus fuerzas. Cuentan, además, con un nutrido equipo de peritos agrícolas, trabajadores sociales y administrativos.
Joe y Wendell nos mostraron todos los proyectos y observamos la gran visión, la verdad y la realidad a la que respondía la profecía de Winin Pereira. No fue un milagro. Donde antes había hambre, desempleo y enfermedad, donde la sequía agrietaba el suelo de los campos de arroz, donde las plantas y los árboles apenas lograban sostener sus hojas... hoy día la vida brota en todas partes. Ya no hay hambre. Los pozos y pantanos están llenos de agua. Los niños van a la escuela, las madres miran con esperanza el futuro de sus hijos. Los campesinos se muestran orgullosos de esperar una segunda cosecha, de su huerta y de sus árboles frutales, cuyos productos se venden en los mercados de los alrededores.
Los multipréstamos a los campesinos para la compra de equipos agrícolas y de regadío, de semillas y de tejas para las viviendas, han incrementado los recursos de la población. La constitución de grupos de autoayuda, con mecanismos de solidaridad y corresponsabilidad para la gestión y devolución de los préstamos, y el desarrollo de una mejor base educativa –ahí están los tres colegios de Shingarpada (Mahajeh), Tilloli y Ambatha— han generado una transformación económica, social, humana y espiritual en toda la región. El dicho de Hobbes “Homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre) se ha transformado en “Homo homini amicus”: el hombre es un amigo para el hombre.
El agua es vida.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Bambúes en flor
Para llegar a Ambata, a 100 kilómetros de la población de Nashik, en las estribaciones de la cordillera de Saputara, la carretera zigzaguea entre sierras y valles. Los campos de arroz, de juari y de trigo recién plantado mantienen el paisaje siempre verde. Las acacias, los árboles de teca, los bambúes y los bosques de sadara flanquean la carretera y custodian el paisaje desde lo alto de los picos.
A mediodía llegamos al colegio e internado de Ambata, Prabodhan Vasatigriha, que acoge a unos 500 alumnos y alumnas. Entre ellos conocemos a Ashok, un chico de piel morena, y a Sonali, una chica de largas trenzas decoradas con lazos rojos. Ambos tienen alrededor de 15 años.
Nos remontamos al origen de su historia...
Bendita sea la primera y casi fortuita visita de Joaquín Barranco SJ a la región, hace poco más de 40 años. Compró tierra y construyó el primer hostel, a poca distancia del colegio que había edificado el Gram Panchayat (ayuntamiento de un grupo de aldeas). Con ello conseguía que cientos de niños Adivasis que vivían en zonas remotas tuvieran acceso a la educación. Más adelante, en los años ochenta, los jesuitas abrieron un colegio de bachillerato superior para completar el ciclo educativo de los niños Adivasis.
Hoy, 30 años después de su nacimiento, aquel colegio necesita urgentemente reparaciones de tanto calado que los jesuitas han decidido levantar un nuevo edificio. La primera fase de construcción del nuevo equipamiento de tres plantas ha sido posible gracias a la generosidad del MPSM, Infant Jesus Shrine; la provincia de Bombay y la comunidad de Ambata han gestionado su ayuda. Pero para finalizar la obra hay que reunir aún una parte sustancial de los fondos necesarios. Las escuelas de la comarca miran esta institución como un modelo a seguir.
Las temporadas de siembra y cosecha son períodos de vacaciones escolares: de esta manera los alumnos pueden ayudar a sus padres en las faenas del campo. Incluso los maestros y las maestras se unen a las familias para contribuir a tan importante tarea.
La niña Adivasi, Sonali, nos cuenta que vive con otras 140 chicas en una residencia recién construida gracias a las aportaciones del grupo Amics de Ambatha de Mallorca. La educación les proporcionará, a ella y a sus compañeras, una mejor comprensión del desarrollo agrícola, y mejorará así su calidad de vida. A Ashok, la educación le dará más oportunidades y le permitirá elegir entre la actividad agrícola y otras profesiones.
En el viaje de regreso, a la caída de la tarde, cada recodo nos depara una sorpresa; el verde de la campiña, dorado por la puesta de sol, va tomando lentamente los matices de las pinturas de Van Gogh. Los bambúes en flor me recuerdan las palabras de Ashok y Sonali: “en breve nosotros también recogeremos el fruto de estos años de estudio, gracias a nuestro trabajo, al compromiso de los maestros y maestras, y a la inestimable generosidad de los donantes”.
lunes, 7 de diciembre de 2009
“Una catedral” para los Adivasis
Corría 1993 cuando el entonces Director de la llamada “Misión de Bombay” me comunicó que una bienhechora de Valencia dejaba una cantidad importante de dinero para la construcción de una iglesia. Mi respuesta fue hacerle llegar a aquella señora la intención que tenía yo en aquel momento de comprar, en nombre de la Diócesis de Bombay, un terreno en la población de Mahad. Quise subrayar que, si aceptaba la propuesta de adquirirlo, el terreno se destinaría a la construcción de un internado para niños Adivasis en el cual todos los días de fiesta se celebraría la eucaristía para la comunidad cristiana. Nuestro propósito era darle al edificio un uso cotidiano a favor de los más necesitados. Fue el Señor quien dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.
El solar se compró y, en el transcurso de estos años, el Padre Carlton Kinny, responsable de la gestión del terreno, ha ido adquiriendo parcelas adyacentes. Junto con los padres de los internos Adivasis, ha sembrado campos de arroz y huertos de verduras, ha construido un establo para 35 vacas y ha rodeado el internado (que acoge a 110 niños Adivasis) de árboles frutales. Hoy día, en medio de la finca se está levantando un vasto edificio de tres plantas. Será en breve “la catedral” de los Adivasis.
Las catedrales han proporcionado desde hace siglos autoestima y orgullo a los cristianos. Hoy son para nosotros un recuerdo de la fe de nuestros antepasados, y siguen siendo una fuente de orgullo por la belleza arquitectónica que encontramos en ellas, como por ejemplo la Notre Dame de Paris, Santiago de Compostela o la Catedral de Westmister.
Los Adivasis profesan una religión cósmica e invocan el espíritu supremo en todas partes: puede hacerse presente en el interior de un bosque, en la confluencia de dos ríos, en la cumbre de un monte o en una encrucijada de caminos. Los lugares en los que se manifiesta se marcan con piedras pintadas de un color anaranjado. Además, dicho espíritu asiste a los seres humanos en los momentos cruciales de su vida: el nacimiento, la adolescencia, el compromiso matrimonial, la enfermedad, la muerte y el culto a los antepasados.
El Adivasi no precisa de ningún edificio en el que encontrar a Dios o entrar a rezar. El universo está lleno de señales que indican su presencia. La finca de Mahad –que además del internado incluye un centro de formación para niños y jóvenes, uno de acción social, uno de reuniones y uno de oración— es motivo de orgullo porque, sencillamente, se ha construido para ellos.
Existirá siempre una tensión entre las necesidades básicas educativas y sociales de los más vulnerables (entre los 10.000 Adivasis, en la cercanía de Mahad, el 80% son analfabetos) y el orgullo de la apenas creciente población católica (105 según el directorio de la Diócesis de Bombay). Esta última sueña con una ostentosa iglesia al estilo europeo.
Al recordar el himno eucarístico “ubi caritas et amor Deus ibi est” (“donde reina la caridad y el amor, Dios está presente”), el edificio cobra todo su sentido: es, para los Adivasis, como “una catedral”.
Aquella valenciana, que Dios la bendiga, dejó una herencia para levantar con ella una pequeña iglesia. Hoy, su último deseo se convertierte en “una catedral” para los Adivasis.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Familia numerosa
Celebramos los 60 años de Federico en la India en familia: primero reunidos en casa de Eunice, donde la misa se fue animando a base de canciones y bromas –“confío en veros a todos cuando cumpla los 100, porque la verdad es que os veo muy bien...”— y luego cenando en las alturas, en una terraza que las luces de ‘Mumbai by night’ vestían de fiesta. No faltaron ni el pastel, ni las velas, ni la sobremesa. Era, además, la última noche de Andreu-padre y Ofelia en la India, después de diez días recorriendo pueblos y proyectos con el Narada Team, rememorando historias de la infancia con Fede e impregnándose del color y el calor de este país y sus gentes. Rohan y el resto de los Arthur –a su hermana Aisha y su cuñado Hamid se sumaron sus padres, Ivan e Ingrid, y su tía Iona, que volaron para la ocasión desde Goa– fueron, también esa noche, mucho más que anfitriones y organizadores, amigos y hermanos...
La familia de Fede, más allá de la físicamente presente, es muy numerosa porque sabe muy bien de lo que habla cuando habla de amor: “es lo que más cuenta en esta vida, lo que le da sentido”, nos recordó en la misa. Convivir con él es ver que no son solo palabras.
Gracias una vez más, Federico Sopeña, por hacer de tu Misión algo tan bello.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Un partido de futbol
El día de Sant Andreu amanecimos en Shilonda con victoria del Barça sobre el Madrid (1-0) y con una misa: Father Sopeña habló de dos hermanos pescadores y cantamos (aunque, esta vez, las encantadoras Sisters no afinaban muy bien...).
A nuestro regreso a Mumbai, pasar de los campos de arroz y de los palmerales a la vorágine de una cuidad de 22 millones de habitantes no es fácil. Transitar por la autopista que nos lleva hasta el centro de la capital de Maharashtra es toda una experiencia espiritual. Se debe conducir plenamente consciente para esquivar vehículos que circulan en contra dirección, camiones que maniobran sin dejar la calzada y transeúntes que cruzan por en medio de la carretera. Todo depende de milésimas de segundo, pero es un caos organizado que funciona. Y, en mi opinión, funciona muy bien. A medida que nos aproximamos a Mumbai, la autopista de tres carriles se convierte en una súper-autopista de ocho carriles. Cada hueco ofrece infinitas posibilidades a los rickshaws, que se cuelan aprovechando cualquier mínimo espacio. Y la constante sinfonía de bocinas no altera en los más mínimo a los miles de “fitipaldis” que abordan la ciudad. Entre ellos Ganesh, nuestro driver de 22 años, que no para de mascar tabaco.
Los trayectos son una maravilla cuando, además de llevarnos a destino, sirven para saborear conversaciones con Fede: las charlas sobre lo divino y lo humano nos van dejando un sinfín de frases sencillas y claras, sin pretensiones pero a menudo contundentes y sabias; solo sus ojos chispeantes revelan desde donde habla... Compara la espiritualidad del sacerdocio con el de la pareja, habla de amor y de compromiso. “Me tomo la vida como un partido de fútbol en el que solo quedan seis minutos para el final y voy perdiendo 6 a 1, pero continúo jugando hasta el pitido final”. Lo dice sin ningún tipo de trascendencia, con un humor socarrón.
Hoy nos comenta que su Departamento Acústica no funciona muy bien, que alguien se ha dejado el grifo abierto que oye una cascada ininterrumpida pero gracias a “dios” el resto funciona a las mil maravillas.
Narada Team





