Es exactamente lo que ocurre en Shelti, en la pequeña residencia para niñas aborígenes. Su nombre, “Nirmala Mata”.
Shelti, pueblo que no encontrarás en los mapas, se halla en el “Union Territory” de Dadra Nagar Haveli. Es uno de los siete territorios federales de los 28 estados que forman la república india. Dadra Nagar Haveli es un minúsculo territorio de sólo 220.490 habitantes.
Al norte de Mumbai, entre Maharashtra y Gujarat, Shelti, es de fácil acceso, lo que explica mi preferencia por este territorio, y en particular, por esta residencia de niñas adivasis.
Entre esos dos estados, Dadra Nagar Haveli, es un enano encadenado entre dos centinelas de proporciones gigantescas: aprisionado e indeciso entre la larga tradición y modo de vida y cultura campesina, y al mismo tiempo, desafiado por la nueva era industrial que irrumpe en sus campos de cultivo y bosques.
El adivasi (warlis en su mayoría) permanece desconfiado y aturdido en medio de este cambio cultural y económico.
El sueño de todo joven es ante todo una educación, por irrealista que sea, a fin de obtener un certificado escolar que le facilite un puesto de trabajo en cualquier fábrica o “industry”. La regla y “moda” de todo empleado en las nuevas “industries” exige sari largo, un bolso, largos pendientes para las chicas y camisa y pantalón a medida y flamante cinturón para los chicos. Mientras tanto, los bosques que cubrían más de 20.359 ha, poco a poco sucumben bajo el hacha.
Es el precio a pagar por lo que llamamos desarrollo. Adiós pinos, árboles de teca, eucaliptos, adiós, solemnes “banyon trees” que cobijaron bajo su sombra incontables asambleas de vecinos, millares de niños en sus juegos infantiles, rebaños de búfalos, vacas, cabritillos y donde la hierba está siempre verde. “¿Puede haber alegría sin árboles?” preguntaban sabiamente nuestros antepasados en los milenarios Puranas (libros sagrados Hindús).
Pocas semanas atrás vi ejemplos de este cambio. Una pareja de ancianos, marido y mujer, llevando pesadas caras de plantel de arroz; vi rapaces guiando sus rebaños de vacas y cabras al pasto; hombre y mujer, ambos muy jóvenes, lanzando sus redes sobre un rio de aguas ya contaminadas. Al mismo tiempo viajaban dos motocicletas y un jeep sobre baches y charcos de una carretera rural. En la lejanía, se divisaban bajo el cielo cargado de nubes, las torres de comunicación como anuncio de la llegada de la era post moderna. La era de los móviles, televisores, internet, facebook, twitter, chat, radio. La era de la comunicación instantánea ha invadido campos, bosques y hogares. Común en muchas culturas y muy marcadamente en la cultura de este país, la mujer es relegada casi hasta el anonimato: su campo de acción es ser madre de muchos hijos (como dicen los Vedas), el hogar, el trabajo en el campo, lo mismo cada día hasta que agotada cierre los ojos. Así sin más, su destino, karma, la prepara para la reencarnación. Si su conducta y obras merecen mejor premio, ella nacerá varón en una familia piadosa y acomodada.
Llegan pregoneros de una nueva vida.
Primero vinieron los hermanos franciscanos a primeros del siglo pasado. Más tarde, en 1944, los religiosos de la recién fundada Congregación de Nuestra Señora del Pilar, llegaron a este territorio donde la pobreza, la enfermedad y el hambre azotaban poblados y aldeas. Dispensarios, escuelas, cultivos, fueron creciendo en número hasta formar un nuevo hilo de vida. En colaboración con la administración Dadra Nagar Haveli dio pronto un primer paso hacia el desarrollo humano. Era la manera de actuar de Jesús en la Galilea de su tiempo.
Años más tarde, en 1980, la Asociación de las Hermanas del Pilar, recién fundada, hizo su presencia en esta misma región. Una nueva y refrescante brisa soplaba desde las primeras fundaciones de estas religiosas. Las mujeres se veían atendidas, sus problemas personales y sociales tenían promesa de solución. Salud, alimentación, enseñanza, no eran ya sólo meras promesas sino una realidad aunque ya comenzada. Al igual que otras grandes mujeres, como Gauri Devi, a la cabeza de “Chipko Movement” en la zona de Garhwal, Medha Patkar, liderando el movimiento de “Narmada Bachao” en Madhya Pradesh y Gujarat. Estas y otras heroicas mujeres inspiran a las Hermanas del Pilar a enfrentarse con los problemas sociales y económicos que acosan a Dadra Nagar Haveli. El Evangelio es anunciado.
Desde Khanvel, y más tarde desde Shelti, estas hermanas emprendían su vuelo de paz hacia los más lejanos y necesitados poblados. Su regla así lo dice: “Vivir en contacto cercano entre los más pobres y compartir su vida sin que importen las diferencias de cualquier clase”. Su finalidad es la instrucción y formación de la mujer y de los más pequeños. Shelti, la residencia de niñas adivasis, es uno de los núcleos de la nueva vida para la mujer: salud, enseñanza, organización, trabajo idóneo y variedad de objetivos están a la orden del día.
La monzón en estas semanas de julio y agosto descarga con fuerza sobre los bosques y sembrados de esta región, y por supuesto, también sobre esta casa que cobija casi un centenar de niñas. Los techos, las paredes, los pasillos y dormitorios, rezuman humedad y afectan a la salud de estas niñas. Se ha cubierto la terraza con una capa de cemento impermeable. Luego vendrá el tejado, la renovación del alumbrado, pintar la residencia, instalar pequeños armarios para las niñas, colchones y equipo escolar… El coste total es de más de 15 laks (1.500.000 rupias).
El reino de Dios empieza dando pequeños pasos y haciendo pequeñas obras animadas de amor desinteresado. Si quieres participar en este largo viaje, da un paso adelante y echa una mano a Nirmala Mata Hostel para niñas adivasis. Una semilla nunca verá el fruto.
Federico Sopeña (fedesopsj@gmail.com)
Vinayalaya
Mahakali Caves Road
Andheri East
Mumbai- 400093 August 2011
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